Es una habitaciòn muy acogedora, llena de tonos pastel, bañada del sol de las cuatro de la tarde, llena de chucherìas para entretenerse mientras espera.
Ella no quiere esperar. Silabaria no quiere estar en esa habitaciòn nunca màs y aùn asi sabe que està condenada eternamente a transitarla, como si fuera parte de la habitaciòn, como los cuadros de la pared.
No le gusta estar ahí, no puede gustarle... estar ahí esperando nada hace que se le achique el corazòn, con esos colores que màs que calmarla y apaciguarla logran llenarla de una sensaciòn de desgaste, vejez, muerte, de espera.
Quiere estar afuera, sentir el viento, el sol... ser libre de esa habitación, ser libre del peso de la espera sobre sus hombros, ser libre de ella misma sintiéndose-permitiéndose ser- un objeto más de esa habitación.
Quiere salir, quiere tardar horas maquillándose para nada, quiere inventarse compromisos, quiere ponerse pulseras y aros, polleras, pantalones de colores y medias rayadas, quiere respirar adivinando el perfume de cada dìa nuevo. Quiere sumergirse entre la gente, sin verlos ni sentirlos. Quiere ir por la calle sonriendo sin motivos, simplemente porque puede. Quiere sentarse en una plaza y dejar pasar el tiempo.
No quiere volver a la habitación, pero vuelve... para sonreírle a ella, vuelve para esperarla y acompañarla, porque cuando termine su espera, todo vuelve a ser feliz y lleno de luz y caluroso, vuelven los colores y las palabras. Ella-su razón de ser- vuelve.
Hasta que ya no vuelve más.
Y ahora Silabaria espera de nuevo. Ahora espera por el reencuentro final, y mientras tanto, y cada vez hasta ese momento, más que nunca... se siente libre. Ya no espera y se aburre, porque tiene muchas cosas por hacer mientras espera... espera y vive. Porque ahora ya no es ella quien espera, ahora se hace esperar.
Y mientras, cumple con su herencia... se pasea por la vida coloreando almas, grita, respira, juega, se ríe, ama, llora.
Y le cuenta los secretos de su mundo a las estrellas, a su cielo. Le escribe canciones, poemas, cuentos a su luna, y ella le regala su luz de sueños, como antes, como siempre. Le canta al sol, a su sol, todas esas letras que le enseñó y le compartió hace tiempo. Porque les gusta ir por la vida desentonando con todo el mundo, afinada con ella para siempre.
miércoles, 23 de junio de 2010
domingo, 9 de mayo de 2010
Desnuda.

Estar desnuda frente a él era como tener un rayo de luna directamente sobre ella, naciendo de ella, llenando toda la habitación de ella. Estar así, desnuda, frente a él... era sentirse agua cristalina, rocío al rayo del sol, arcoiris. Estar desnuda frente a él, y que él la recorriera con la mano extendida, tensa y calma a la vez, buscando sentirla con cada centimetro de piel, era sentirse un bosquejo, desdibujada, una hoja en blanco, lejos de todo e inmersa en él. Sentir que él la creaba de nuevo, la reconocía, la pintaba en su memoria. Sentir que ella misma se pintaba en su memoria, nueva cada vez, y a la vez más hermosa que nunca. Estar desnuda frente a él era admitir su conquista, era entregarse en alma. Era dejar de pertenecerse, abrirle las puertas a sus juicios, a sus manos, a que descubriera como nunca nadie, ese resplandor que él tan solo adivinaba, adivinaba y deseaba, deseaba y sabía suyo. Estar desnuda frente a él era mostrarle que podía reunir el cielo y la tierra, el agua y el fuego. Que podría alcanzar las estrellas y mostrarle su luz, si tan sólo él se lo pidiera.
domingo, 21 de marzo de 2010
Fémina
Ella mira. Busca que todo le devuelva una imagen para recordar siempre, para atar a olores, para tener su mundo vivo en la memoria toda su vida; se llena de imágenes, porque sabe que cuando ya no pueda volver a verlas, podrá sumergirse en ellas y sentirse de nuevo.
Ella escucha. Presta tanta atención a los sonidos, que puede distinguir más de veinte gotas de lluvia distintas sobre el tejado; el sonido de la respiración de su otro yo, la música de su pelo acariciado, al viento jugando a despeinar la copa de los árboles; el tic tac del reloj- de su corazón- las noches en vela, porque no puede dejar de sentirse viva y quiere seguir corriendo y jugando, y no puede-ni quiere- calmarse y dormir.
Ella siente. Siente frío, calor, temblores, cosquillas, siente miedo, sobre todo miedo... pero tambien siente amor. Siente dolor, angustia; a veces siente tantas cosas que es dificil determinar qué siente; esas veces descubre a la otra, intentando ocultarle a ella misma qué es lo que realmente siente, disfrazada de muchos otros colores de sensaciones, pero cuando logra descubrirla-descubrirse- se siente.
Ella ríe. Ríe tanto que se le escapa el alma por la boca y parece casi flotar hasta alcanzarla y dominarla de nuevo. Ríe con esa sonrisa que de verla se le llena a uno el corazón de mariposas y colores, y dan ganas de abrazarla para contagiarse de esas cosquillas que la recorren entera.
Se ríe de felicidad, de nervios, de sueños cumplidos en la almohada, y a veces para no llorar...
pero cada vez que sonríe el mundo se ilumina.
Ella escucha. Presta tanta atención a los sonidos, que puede distinguir más de veinte gotas de lluvia distintas sobre el tejado; el sonido de la respiración de su otro yo, la música de su pelo acariciado, al viento jugando a despeinar la copa de los árboles; el tic tac del reloj- de su corazón- las noches en vela, porque no puede dejar de sentirse viva y quiere seguir corriendo y jugando, y no puede-ni quiere- calmarse y dormir.
Ella siente. Siente frío, calor, temblores, cosquillas, siente miedo, sobre todo miedo... pero tambien siente amor. Siente dolor, angustia; a veces siente tantas cosas que es dificil determinar qué siente; esas veces descubre a la otra, intentando ocultarle a ella misma qué es lo que realmente siente, disfrazada de muchos otros colores de sensaciones, pero cuando logra descubrirla-descubrirse- se siente.
Ella ríe. Ríe tanto que se le escapa el alma por la boca y parece casi flotar hasta alcanzarla y dominarla de nuevo. Ríe con esa sonrisa que de verla se le llena a uno el corazón de mariposas y colores, y dan ganas de abrazarla para contagiarse de esas cosquillas que la recorren entera.
Se ríe de felicidad, de nervios, de sueños cumplidos en la almohada, y a veces para no llorar...
pero cada vez que sonríe el mundo se ilumina.
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